Archivo de la categoría: Libro de la semana

El libro de la semana: El naufragio del hombre

(Tomado de El Naufragio del Hombre, de Santiago Alba Rico y Carlos Fernández Liria)

En una sociedad que da tantas facilidades para perder el juicio, que hace tan llevadero matarse y tan irresistiblemente placentero dejar caer las cosas al suelo, que proporciona tantas comodidades para que aumentemos nuestra ignorancia y concede tan generosos créditos y subvenciones para que despreciemos a los otros o hagamos ricas a las multinacionales, podemos tener la casi total seguridad de que si algo nos da pereza -si algo nos molesta- es porque vale la pena.

En una sociedad que nos obliga permanentemente a no hacer ningún esfuerzo, que nos impone la pasividad más divertida, que nos fuerza a no sentirnos jamás incómodos, pertubados o vigilantes, que nos constriñe tiránicamente a estar siempre satisfechos, podemos estar casi seguros de que precisamente todo aquello que no queremos hacer nos vuelve un poco más libres“.

“Con poco dinero y casi sin trabajo alguno, es verdad, se puede renunciar a la libertad e incluso a la supervivencia. Lo único que no cuesta nada es la esclavitud; lo único que no requiere esfuerzo es la derrota; lo más cómodo de todo es dejarse destruir. Sin manos, desde casa, con un solo dedo, dejando resbalar apenas la mirada sobre una superficie plana se introducen muchos má efectos que levantando piedras o cortando leña (o, claro, construyendo escuelas o curando heridas). Los monjes y eremitas medievales se retiraban del mundo, y lo contemplaban desde fuera, para no intervenir en él; las clases medias capitalistas, al contrario, se refugian en la contemplación como en la más eficaz y destructiva forma de intervención“.

“El signo del capitalismo es la tolerancia y el pluralismo. Todo tiene derecho a existir, a condición de que aparezca bajo la forma de mercancía. Toleramos la diversidad cultural y toleramos los crímenes contra los pueblos; toleramos los poemas a favor de la vida y las acciones contra ella; toleramos la virtud envasada y el crimen redituable; toleramos a los negros y toleramos el racismo; tleramos la paz y toleramos la guerra. No prohibimos ni la ternura ni la crueldad; ni la solidaridad ni la mafia. permitimos precisamente la verdad, la razón y la bondad porque permitimos la mentira, el delirio y el vicio; porque, permitiendo la mentira, el delirio y el vicio, en cualquier caso la verdad, la razón y la bondad tienen la partida perdida. La tolerancia total es en realidad la total indiferencia. Podemos tolerarlo todo porque todo nos importa lo mismo; es decir: nada“.

“Ningun etíope, ningún haitiano, ha tenido tanta hambre como un consumidor medio occidental: nos comemos no solo el pan y la carne, sino también los carros, las lavadoras, los teléfonos celulares, los cuerpos, los monumentos, los aisajes, las imágenes, a una velocidad que deja fuera todos los placeres que no tengan que ver con la destrucción inmediata (que es lo que etimológicamente quiere decir la palabra “consumo”)

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Libro de la semana 2: La tolerancia como categoría ideológica

Del libro Sobre la Violencia, de Slavoj Zizek, tomado de la biblioteca de ESPACIO COMÚN. Capítulo: La tolerancia como categoría ideológica:

“¿Por qué hay tantas cuestiones hoy en día que se perciben como problemas de intolerancia más que como problemas de desigualdad, explotación o injusticia? ¿Por qué creemos que la tolerancia es el remedio en lugar de serlo la emancipación, la lucha política o el combate armado? La respuesta se halla en la operación ideológica básica del liberalismo multiculturalista: la “culturización de la política”. Las diferencias políticas, derivadas de la desigualdad política o de la explotación económica, son naturalizadas y neutralizadas bajo la forma de diferencias ‘culturales’, esto es, en los diferentes ‘modos de vida’, que son algo dado y no puede ser superado.

(…) La oposición básica sobre la que se sustenta la visión liberal se plantea entre aquellos que son dominados  por la cultura -determinados por completo por el mundo vital en el que nacen- y aquellos que meramente ‘gozan’ de su cultura elevados por encima de ella, libres para elegir. Esto nos lleva a la siguiente paradoja: la fuente definitiva de barbarie es la cultura misma, esa identificación directa con una cultura particular que nos hace intolerantes respecto a otras culturas”.

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El libro de la semana: Sobre la Violencia, de Zizek

Slavoj Zizek es filósofo y psicoanalista. Uno de los pensadores (marxista y lacaniano) más provocadores de los últimos años. textos tomado de Sobre la Violencia, de la biblioteca de ESPACIO COMÚN:

“La experiencia que tenemos de nuestras vidas desde nuestro interior, la historia que nos narramos acerca de nosotros mismos para poder dar cuenta  de lo que hacemos, es fundamentalmente una mentira. La verdad está fuera, en lo que hacemos.

Algo que nunca deja de sorprender a la conciencia ética ingenua es cómo la misma gente que comete terribles actos de violencia contra sus enemigos puede desplegar una cálida humanidad y una sincera preocupación por los miembros de su propio grupo. ¿No es extraño que el mismo soldado que asesina civiles inocentes esté dispuesto a sacrificar la vida por su batallón? ¿Que el comandante que ordena el fusilamiento de rehenes pueda esa misma tarde una carta a su familia llena de sincero amor? Esta limitación de nuestra preocupación ética a un estrecho círculo social parece ir en contra de nuestra comprensión espontánea de qur todos somos humanos, con las mismas esperanzas básica, miedos y penurias, y por tanto con el mismo derecho al respeto y a la dignidad.

Consecuentemente, los que limitan el alcance de su preocupación ética son en un sentido profundo incoherentes, “hipócritas” incluso. (…) Negar los mismos derechos éticos básicos tanto a los que son foráneos a nuestra comunidad como a los de su interior es algo que un ser humano no hace de forma natural. Es una violación de nuestra proclividad ética espontánea e implica una autonegación y una represión brutales”.

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El libro de la semana: “Hacia el Porvenir”

(Del ensayo La Cuestión Social recogido en Hacia el Porvenir, de Rafael Barett, editorial Periférica)

Miremos más alto, más hondo; no tengamos miedo de hacer la realidad demasiado amplia. El principio de la propiedad no puede ser justo; el exceso de lo justo no puede ser injusto. La propiedad es una forma de parasitismo; desarrollada o en germen es un veneno que nos debilita, que nos enferma, que nos hace perecer si no lo eliminamos. ¿Qué médico sería el que se conformara con los bacilos de Koch y se limitara a corregir los excesos de la tuberculosis? Es el sitema de Roosevelt, de los millonarios filántropos -¡tan filántropos y, sobre todo tan millonarios!-; el sistema de inextinguible “raza de víboras”, servir a dos amos, podar hipócritamente las ramas del árbol del mal mientras en sigilo se abona y se riega su infame raíz.

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El libro de la semana 2

(de Panamá: Estructura-Coyuntura/ Conflicto, clases y política. Texto de José Valenzuela)

“(…) junto con inyectar la ideología neoliberal, el sistema ha logrado un exito que es quizá mayor: destruir buena parte de la ideología política y de la memoria histórica del pueblo trabajador. Esta erosión asume diversas modalidades o “canales”: en unas se expresa como rechazo a la política o “apoliticismo”. A los trabajadores se les dice que “la política es corrupta”, no con el afán de suprimir la corrupción sino  con el afán de que los trabajadaores dejen de participar en política y asuman un comportamiento pasivo o “apolítico”. Es decir, que le dejen la plaza libre  a los políticos tradicionales. Otra modalidad, complementaria de la recién indicada, sostiene que el socialismo ha sido, es y será por los siglos de los siglos, un fracaso y, peor aún, una imposibilidad histórica. En otras palabras, se sostiene que no hay más que capitalismo o, inclusive, no hay más que el capitalismo neoliberal. Y que cualquier afán por ir más allá de este régimen es equivalente al rechazo de la ley de gravedad, a una terquedad simplemente estúpida. De modo análogo, se ha predicado y convencido a no pocos que toda la teoría radical que sintetiza la experiencia de las luchas del pueblo trabajador (en especial la teoría marxista) es algo falso y obsoleto. Que en vez de estudiar esos textos, es mejor tirarlos a la basura”

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Libro de la semana: Panamá, estructura-coyuntura

(frgamento del libro Panamá; estructura-coyuntura de Julio Manduley, tomado de la biblioteca de ESPACIO COMÚN, y que se refiere a finales del siglo XIX. ¿Algo ha cambiado?)

“No existe, pues, correlación alguna entre ser conspicuo propietario urbano y ser al mismo tiempo importante mercachifle. El comercio lo dominan los extranjeros. Las clases dominantes panameñas son rentistas. No hay en América Latina un caso similar y menos aún equivalente a esta lamentable precariedad estructural de la burguesía panameña. Despojados de la “renta directa” por Bogotá, desplazados del comercio por norteamericanos, ingleses y franceses, relegados a la especulación inmobiliaria y enquistados en el aparato burocrático. la república de los primos [expresión de Omar Jaén] ofrece la curiosidad de una verdadera lumpemburguesía en el sentido absolutamente literal de la palabra”

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Libro de la semana: Diciendo la Verdad

(Del ensayo El Estado Cínico, de Colin Leys, incluido en el libro Diciendo la Verdad, de la biblioteca de Espacio Común)

“Los gobiernos han mentido siempre. Naturalmente lo niegan, aun mucho tiempo después de que resulta abundantemente claro que han mentido, ya sea sembrando señuelos, descartando evidencia inconveniente o alegando que existe contraevidencia que no son libres de exhibir. Cuando una mentira ya no puede ser creíblemente negada se la justifica, usualmente apelando al interés nacional. Los gobiernos de las democracias representativas modernas no son diferentes, aun cuando son más propensos a ser expuestos que los dictadores. Como rutina, dicen medias verdades y abiertas mentiras. Como rutina, ocultan hechos. Se pierden archivos sin ninguna rendición de cuentas. Hay grabaciones que se borran misteriosamente. Los frenos y contrafrenos democráticos resultan raramente efectivos, y la memoria colectiva del público es corta.”

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